La Bella y la Bestia

Autor@: 

Ilustrador@: Pilar Puyana

Corrector@: Carme Sanchis

Género: Cuento para adultos

Rating: Adultos

Este relato es propiedad de Inmaculada Ostos Sobrino. Las ilustraciones son propiedad de Pilar Puyana. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La Bella y la Bestia.

Noticia en un periódico: …Se encuentra a un bebé con cinco días dentro de una tubería, los vecinos se quejaron de los extraños maullidos que se repetían cada noche, cuando los bomberos sacaron al bebé quedaron asombrados, la madre una joven…

–¿Por qué lo hiciste? Una chica bella, joven como tú y con un brillante porvenir podría haberse apañado con el bebé.

 

Ilustración de Pilar Puyana

–La bestia despertó.
–¿Qué bestia?
–La que todos escondemos dentro, todo el mundo alardea de fijarse en el interior de las personas y no en su físico y todos ellos se engañan, pretenden ser personas que no son, se hacen los interesantes, los humildes, los buenos; creyéndose los protagonistas del cuento la bella y la bestia. ¿Me sigue? Ese cuento que predica que la belleza está en el interior. Pues bien, déjeme decirle una cosa, en el interior solo hay oscuridad y, dentro de esa oscuridad duerme una bestia que nos alcanza a todos tarde o temprano.
–Y esa bestia… ¿Es quién te dijo lo que tenías que hacer?
–¡No, por Dios! Creo, doctor, que se ha equivocado en su diagnóstico. Yo no oigo voces, solo intento ser coherente.
–¿A qué te refieres?
–A que cada uno ha de ser consciente de la bestia que lleva en su interior y, saber si será capaz de dominarla o no. Una vez lo tengas claro, aceptarlo sin más.
–Y en tu caso ganó la bestia, ¿verdad?
–Permítame que le ofrezca esta sonrisa un tanto cínica, pero la verdad es que la bestia nunca se marchó.
–Creo que está usted algo aturdida, tal vez esté viviendo en una fantasía y crea ser alguien que nunca fue; un personaje de un cuento, de una película o quizás, algún asesino del que haya oído hablar. Puede que sea un trastorno de su personalidad producido por alguna crisis durante el embarazo, o incluso una depresión post parto. .
–¿Y qué le hace pensar eso?
–Pues que jamás tuvo ningún episodio como este, su vida es intachable.
–Le vuelvo a dedicar otra de mis sonrisas, se la ha ganado otra vez, aunque esta es de simpatía. Creía que no podía haber nadie tan inocente y, mucho menos, siendo psicólogo de profesión.
–¿Qué quieres decir con ser psicólogo de profesión?
–Pues que ustedes son los peores, los más cínicos, los más reprimidos, y sus bestias son las más crueles cuando salen al exterior. He conocido muchos así. Y de nuevo se equivoca, ha habido más muertes en mi vida.
–Pero no hay ningún antecedente policial, ni consta en su vida personal ningún caso que pueda hacernos llegar a tales conclusiones.
–Digamos que he sido hábil.
–¿Y por qué decidió reconocer sin más que es usted la parricida de su bebé?
–La verdad, me sorprendió que el bebé sobreviviera. Tengo curiosidad por llegar a ver la bestia en la que se va a transformar. Ningún bebé normal hubiese soportado estar cinco días sin comer, tal vez haya heredado mi verdadera naturaleza, por eso lo admiro.
–¿Lo admiras o lo quieres?
–Solo soy capaz de querer a una persona, siempre ha sido así, si no hubiese sido de esa manera jamás hubiese llegado hasta esta situación.

Pero contestaré a su pregunta, digamos que lo admiro porque en cierta manera es como si yo fuese la misma muerte y, mi engendro, eso que llevé en mi vientre, la peor de las pesadillas que sufrirá la humanidad.

Ilustración de Pilar Puyana

–¿Se arrepiente?
–¿De lo que hice? Jamás. Disfrute con todas y cada una de las muertes que produje, aunque me da rabia no haber consumado esta última, me resultó la más dulce de todas, la verdad. Cuando lo creí muerto sentí un placer especial.
–Intento seguirla, pero no encuentro su móvil, a lo largo de la historia la belleza ha sido motivo de cuentos, leyendas y crímenes. Es obvio que su belleza es poco habitual, además usted ha insinuado que solo se quiere a sí misma, y dando por hecho que con la belleza hoy en día se puede llegar a cualquier lugar, incluso como usted muy bien apuntó, hasta el punto de esconder sus crímenes, todo esto apuntaría a que es la misma belleza la causa de toda su discapacidad funcional. Pero, me resulta increíble que la causa real pueda ser algo tan simple y tan efímero.
–Sigue siendo usted un ingenuo. Claro que podría ser, el placer es el arma más poderosa que existe y la belleza el mayor regalo que te puedan conceder; con ella alcanzas la invisibilidad, y te ofrece la oportunidad de poder vivir tu verdadero yo.
–Seguimos hablando de la bestia, ¿verdad?
–De la misma. La belleza es la fachada perfecta. Con ella eres libre, te creen tan superficial que piensan que más allá de la misma no hay nada más que te pueda interesar. No se molestan en buscar al ser real, si lo hicieran, descubrirían a esa bestia que hace y deshace a su voluntad, que es libre, que no tiene miedo y que derrocha maldad.
–Entonces, ¿se confiesa usted culpable de este y otros crímenes?
–Sabe bien que sí, ya les puede decir a los que hay detrás del espejo que vengan a por mí.
–Sigo sin comprender. ¿Por qué? ¿Por qué ahora?
–Ya le contesté, curiosidad, tal vez…
La muchacha le dedicó otra de sus maliciosas sonrisas y esta vez, al psicólogo se le heló la sangre en las venas. .
–Dígame, ¿a que conclusión le ha hecho llegar? –le preguntó uno de los detectives cuando el psicólogo abandonó la sala de interrogatorios.
–No sé cómo explicárselo, detective. Estoy tan aturdido como usted, déjeme que le exponga mis conjeturas de una manera sencilla.
>>Érase una vez una niña tan bella que era agasajada por todos aquellos que tenía alrededor. Acostumbrada a conseguir todo aquello que quería, el dulce espíritu de la niña se fue desmaterializando hasta transformarse en un negro carbón. Al no encontrar placer en nada, comenzó a torturar la mente de los desafortunados que la creyeron buena. Pero nunca tenía bastante y, empezó a experimentar hasta que finalmente emergió la bestia y la arrastró a su interior. Cuentan que un día esa misma fealdad llegó a exteriorizarse y fue repudiada por todos los que una vez la amaron. La encerraron en un castillo y esperaron a que la tierna flor de su juventud se fuera deshojando en la más oscura intimidad. Era la única manera de mantener a todo el mundo a salvo de sus atrocidades. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
–¿Acaso me acaba de contar un cuento? ¿Piensa usted que soy estúpido?
–No, por supuesto que no. Pero, ¿lo entendió? –el detective asintió.
–No entendí muy bien la idea, pero sí el contexto.
–Justo eso es lo que nos mostraban los cuentos, la manera de captar ese ápice de maldad suficiente para poder alejarse uno a tiempo. Digamos que siempre hubo pacientes psiquiátricos a lo largo de la historia y que los diagnósticos han evolucionado. Los cuentos siempre se han usado para decir o denunciar de una manera metafórica algo que ocurría en la realidad, incluso de manera didáctica para prevenir a la gente contra el mal. Por desgracia, siempre ha habido bestias y siempre las habrá. Por eso hay cosas que no se pueden explicar y que simplemente hay que aceptar, aunque no tengan cabida en tu forma de pensar. En eso, desgraciadamente, aquella “bestia” tenía razón.

Inmaculada Ostos Sobrino

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Comments
2 Responses to “La Bella y la Bestia”
  1. olgabesoli dice:

    Muy buena reflexión sobre la razón de la existencia de los cuentos tradicionales. Inmaculada, hemos coincidido en el tema de las apariencias, aunque nuestros cuentos distan mucho en cuanto a trama. Y Pilar, me han encantado tus ilustraciones, la primera tan dulce y colorida contrastando con la devastadora muerte a blanco y negro ¡y encima embarazada!. Me gustan mucho tus ilustraciones. Buen trabajo.

  2. Pilar dice:

    Muchas gracias Olga por tu comentario.
    Inma me ha gustado mucho trabajar contigo, con esta historia tan original.

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